ALMAS DEL SEÑOR, O QUIZÁS, ÁNGELES DEL INFIERNO VESTIDOS DE ÁNGELES DE
DIOS.
En la religión absurda de los que creen que después de morir
se irán al cielo, sus pecados serán disueltos y fornicaran en gloria a la
diestra del padre, existen unas infames personas que se hacen llamar ‘misioneros’
y que se dedican a impartir el mensaje de Dios y Jesús a las personas
culturizadas con etnias de su procedencia. Un ejemplo, se van a lugar de África
que contiene a muchos indígenas y que casi la mitad de ellos tienen armas
pesadas. Ellos van para ese lugar y congregan a las personas acompañados de un
equipo de seguridad. Hasta aquí, todo bien, podemos creer que sí, quizá los
congregan para ayudarlos médicamente, o darles alimentos, quizás agua o ropa,
pero: ¡Nada de eso! Ellos van con el único propósito de adoctrinarlos.
Esto es asqueroso, deleznable, repudiable en todos los
sentidos. Esta gente, no ha tenido ningún tipo de educación en su vida, debido
a la pobreza extrema y las lejanías de estas tribus a los pueblos y centros
educativos. Además, que están educados, por así decirlo, con su propia cultura,
su tradición indígena, con su idioma y demás. Los misioneros, no son realmente
útiles, los útiles son el cuerpo médico que va a misiones salubres a ayudar a
la gente más alejada de los centros médicos cercanos. Por ende, los misioneros solo
van a decir: ¡Ay, te vas a ir al infierno! ¡A nuestro Dios todopoderoso,
omnipotente y omnisciente, el Alfa y el Omega, no le gusta que creas en cosas
diabólicas indígenas, porque todos tus pecados fueron crucificados con Jesús!
Sinceramente si a mí me dicen una estupidez de esa magnitud, siendo un
indígena, no dudaría ni un segundo en tomar mi arpón y lanzarlo para que se
larguen y nunca vuelvan.
Eso son los misioneros, son personas que van a lugares donde
hay gente demasiado pobre a evangelizar e impartir la palabra de Dios, aprovechándose
de que muchas de esas personas son, casi siempre, analfabetas, ignorantes y
nunca han tomado un libro, porque si ni siquiera tienen para comprar comida,
mucho menos van a tener para adquirir un libro. Si acaso, les dan algo de
comer, pero a los enfermos ni siquiera lo cedan para calmar su sufrimiento, o
les dan un techo digno o protestan y realizan activismo para que el gobierno se
apiade de estas personas. Como el activismo es un acto de revolución, es pecado
hacerlo, porque los gobernantes los puso Dios. Si algún misionero creyente de
las religiones cristianas hace cosas verdaderamente buenas, será recordado con
mucho buen ánimo y pos sus solemnes obras, pero los misioneros recordados por
estos tiempos, las personas cuerdas los vemos como el mayor significado de
candor existente.
LOS CATÓLICOS Y LA TERESA DE CALCUTA:
Agnes Gonxha Bojaxhiu, más
conocida por su nombre apostólico como: La Madre Teresa de Calcuta, o Santa
Madre Teresa de Calcuta desde el 2016, fue precisamente una monja misionera,
que ganó un Premio Nobel, y para más impresión de la Paz. Esta señora nació en
lo que es, la actual Macedonia. Pero toda su vida pasó ‘sirviendo’ a personas
de la India, más específicamente, en Calcuta, una muy pobre ciudad india en la
que estuvo esta señora y en donde acentuó sus conocidísimos hogares de ayuda.
Pero, porque nombrar a Teresa, presuntamente es conocida por ser una señora supremamente
bondadosa. Pues no, ella era una mierda de persona, disculpe usted mi palabra
malsonante, pero es que no hay otro adjetivo para describir a esta desagradable
mujer.
Teresa poseía millones, millones y millones, su dinero era
mucho, le sobraba, pero era tacaña, porque la mitad de la plata que le donaban
distintos mandatarios de países, la botaba a la iglesia. Qué manera más idiota
de gastar el dinero que le dan para ayudar, dándolo a una iglesia y un clero
insumido en polémicas, que no ha hecho nada más que generar violencia. Esa
señora, y sus conocidos hogares, eran de básicamente camas. Eran lugares
desagradables, llenos de suciedad y miseria, los enfermos tenían las camas a
menos de un metro, pegados. Ellos ya habían firmado su muerte porque estaban
moribundos, pero, ni siquiera los inyectaba para calmar su dolor, las monjas se
arrodillaban en cada una de las camas a rezar por la vida de esa gente y que se
fueran al cielo. Les daban comida y seguían moribundos en sus camas, sufriendo
como nadie se lo imagina por el dolor de su enfermedad.
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