El Bullying
El colegio ha sido vendido como un sueño para los niños,
aunque poco a poco se convierta en un muy excelente negocio para entidades
estatales. Pero lo que se es conde en las instituciones educativas es mucho más
oscuro y bizarro. Las instituciones, están plagadas de estudiantes asquerosos,
que no van con el fin de aprender algo nuevo, ni cumplir con sus deberes académicos,
sino que van con el fin de divertirse con sus compinches y de una forma no muy
sana. Esta forma de diversión, es básicamente la de acosar, hostigar y
maltratar (física o psicológicamente) a otros estudiantes.
Esta práctica asquerosa, y nada sana de diversión de los
estudiantes más populares de las instituciones se ha vuelto muy popular. Hemos
llegado a puntos en donde el hostigamiento a los estudiantes es tal, que llegan
a suicidarse, o incluso, los mismos maltratadores y/o acosadores llegan a asesinar
a sangre fría a sus compañeros de clase. Tema que ha preocupado a los
profesores y directivos, como ha organizaciones de gobierno, de naciones unidas
y de universidades especializadas en psicología.
Yo no vengo a darles información sobre algunos de estos
casos que se han vuelto populares con el paso del tiempo, en cambio, vengo a
contarles una historia de bullying y a informarlos sobre las consecuencias que
esta mala práctica infiere. Todo esto desde la experiencia propia, les daré
algunos consejos si son víctimas, y una lección si son victimarios, sin más,
empecemos.
Carta de suicidio:
Algunas despedidas son tristes, otras son muy felices, y
otras son desastrosas y desgarradoras. Yo considero la mía como una buena
despedida, para mí por supuesto, porque para aquellos que me aborrecen no, y
como para mi familia tampoco. Pero esto no es como que me importe de a mucho,
ni me duele partir de este mundo como lo haré. Simplemente, desde el primer minuto
en el que mi vida se convirtió en un martirio diario, empecé a planear una muy
buena despedida, escrita por mí, por mi talento, por mis manos, y en una hoja a
partir de un lápiz.
Papá y mamá, no les haré una carta de despedida, tampoco les
dejaré una herencia o algo así, porque definitivamente no tengo necesidad. Yo
sé que ustedes me acompañaron en todo momento, me hacían vivir una vida de
ensueño, con muchos lujos y excelentes comodidades. Pero, les diré algo, eso no
era todo en mi vida, eso no era lo que yo necesitaba, lo que ocupaba para hacer
mis días felices. El amor, la atención y la ternura de ustedes siempre me
faltó, fui carente de apoyo amoroso de parte de mis padres. Aunque les
agradezco, su trabajo en su empresa, fue un detonante para que yo me sintiera
solo, y aún más, me dieron ganas de acabar con mi existencia.
Quiero que esta carta la publiquen, no sé, en algún foro, en
algún lugar donde más personas puedan conocer mi historia, y en donde la gente
deleznable que se dedica a herir a otros, aprenda de su grave error. Mírenme,
aquí con 13 años, en una bodega de las que tiene mi padre para sus
trabajadores, viendo en estos momentos una larga y fuerte cuerda que he colgado
a una de las varillas del techo, escuchando jazz clásico y viendo un hermoso
amanecer. Perfectos está el día para que Rogelio Andrés Pineda Suárez muera
ahorcado. Solo pienso en lo feliz que será la diva de mis padres, porque ellos
siquiera me tomaban en cuenta, ellos siquiera me prestaban atención y ellos
siquiera me veían en el día. La Señora Pilar de servicio doméstico, si me
extrañará, porque ella me quería mucho, y siempre se preocupaba por mí.
En el Instituto, estoy seguro que nadie me extrañará y se
regocijarán con mi partida. Aquellos que se burlaban de mí, los hago
responsables de mi muerte, lo diré textualmente:
En el nuevo año escolar, nada más era diferente, porque los
niños estaban aburridos, estaban perezosos y los profesores no encantados de
volver a tener alumnos en sus aulas. Yo estaba muy feliz, porque me encanta
aprender e ir al colegio, aunque yo no hablaba con nadie, me decían rarito, mal
vestido, nerd e imbécil. Pero al principio no me importaba, yo sabía a lo que
iba al colegio, cual era mi propósito, y de ahí para allá lo demás sobraba.
Aunque después, lamentablemente el maltrato se intensificó.
Un grupo de repitentes llegó a mi clase, ellos son: Juan
Manuel Vásquez, Cristian Díaz, María José Cañas y Ricardo Velázquez, a quienes
por medio de esta carta hago responsables de mi suicidio por un hostigamiento
psicológico y un maltrato físico que siguió vigente hasta el 30 de Julio del
año presente, teniendo en cuenta que escribo esta carta el 2 de agosto, porque
me desaparecí y he faltado al instituto desde entonces.
Ellos se enteraron de que yo era el más destacado de la
clase, que la gente se burlaba de mí, y que era una persona llena de soledad.
Creyeron que yo era un delator y un chismoso, que acostumbraba a contarle las
fechorías de los demás a los docentes, aunque no fuera así, mis explicaciones
siempre las negaron desde el primer momento en que se las dije. Realmente
estaba deprimido.
Cuando entraba al baño, siempre metían me cara en el retrete
lleno de orina de ellos. Cuando salía al recreo, la comida que llevaba me la robaban
y se la daban a gallinas. Si me resistía me golpeaban hasta que mi nariz
sangraba. No decía nada por medio a que no me creyeran y me pudiera ir peor.
Decían que yo era un excremento, un aborto y un abandonado, que nadie me quería
y era un don nadie. Simplemente hacían mi vida imposible, yo no quería más
martirio, me sentía mal, muy mal, realmente mal.
Si ustedes son víctimas, por favor, hablen con un adulto,
con los directivos o con alguna persona de confianza que ustedes crean que los puede
ayudar. Estén tranquilos, nada pasará. Hagan caso omiso a todos los hostigamientos
psicológicos y escuchen música para su desahogo. Escriban y siempre recuérdense
lo valiosos que son, lo importantes y afirmen que las porquerías son ellos no
ustedes. En cambio, si ustedes son victimarios, que bajeza, son personas
deleznables, repudiables, asquerosas y dan pena, tristeza y sentido de pobreza.
Son lo peor que le ha pasado al mundo, lo peor que ha parido la tierra y ojalá
sus vidas sean miserables, más de lo que ya son.
Y así concluyo mi despedida, adiós a todos los que me
quisieron, gracias por todo. Reitero, aquellos aquí nombrados son los
responsables de mi suicidio. Disfruten de su vida, porque es muy corta, vivan
cada maldito segundo. Adiós, imbéciles.
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