Gentecita de Dios
Todos los que me conocen y que por lo menos han compartido
un día conmigo, saben de memoria que algo que yo repudio con toda mi alma es la
religión. Yo vengo de una familia extremadamente creyente en el Dios que casi
todo el mundo (ingenuos) creen. Ese es el dios hebreo. El de la Biblia, el que
según la historia en 6 días creo lo que conocemos: La Tierra. Pero ¡qué va! Ellos
mismos se han encargado de ridiculizarse con el paso del tiempo, dando algunos
sermones que definitivamente dan pena ajena. Y ustedes ya saben como soy yo, me
encanta decir groserías y no perdono ni un solo momento para tratar mal al que
a mi se me de la perra gana. Lo que me gusta no lo voy a cambiar, y mucho menos
voy a cambiar burlarme de esta asquerosa, mentirosa, ingenua y malparida gente.
A mi me bautizaron desde la fe católica cuando yo todavía
era un bebé, no hablaba y no decidía por mi mismo. Después por gusto propio y
puro masoquismo, me bauticé en la cristiana. De esto ya hablé en una columna
que se llama: Religión y Satanismo, la cual pueden encontrar en el blog, es una
de las primeras. Volviendo al tema, yo siempre fui creciendo con el cuento
malparido de que Dios me estaba mirando y si yo hacía algo mal, me podía caer
un rayo o ese señor me iba a castigar. Pero, aunque me tratara como un culo, él
me amaba y haría lo que sea, literalmente lo que sea para constatar mi
felicidad absoluta ¿descabellado, verdad?
Yo me aparté de esa fuente religiosa, y no quise para nada
ni por nada ingresar a otra corriente religiosa. Porque deduje, a través de
largas horas de cuestionamiento sobre mi existencia, que existimos por lo que
ya ha explicado en repetidas ocasiones por medio de científicos brillantes. El
reto que tenía era decirles a mis familiares que era ateo, que en sus maricadas
ya no creía y que la fe para mí, es un chiste.
La tarea no fue fácil, me la pasé toda la noche reflexionando
sobre lo que tenía que decir. Ustedes pueden creer que yo soy alguien frío y que
no me importa lo que piensen de mi, y es verdad, todo eso me tiene sin cuidado,
y por eso mismo yo veía viable confesar que me convertí en un ateísta. En realidad,
a mi no me importaba lo que dijeran de mi, si les gustaba o no, no era mi
problema. Solo quería decirlo de una forma digerible, para que no se enojaran
tanto; cuando llegó el día, yo estaba decidido, le dije a mi mamá: mañana no
quiero ir a su Iglesia, tampoco quiero rezarle a su Dios, yo soy ateo. Mi mamá
se enloqueció, empezó a decir una cantidad de cosas que definitivamente no
tenían medida. Al final regresé a mi habitación, feliz porque había dicho lo
que tenía que decir.
Con el paso del tiempo empecé a reflexionar cada vez más
sobre lo que significaba ser cristiano. También, sobre como se comportan estas personas,
qué es lo que hacen, y cómo actúan en diferentes circunstancias. Me di cuenta
que son desagradables, por lo manipulables que son; un ejemplo de todo esto, es
que yo he intentado decirle a mi mamá que por nada del mundo vaya a darle plata
a la iglesia, porque es el peor error que puede cometer. En cambio, debería guardarla
por si hay que ayudar a alguien o estamos en declive económico en la casa. Ella
me regaña y no me hace caso, y cuando no hay plata para la casa, a llorar a los
olivos, porque la botó dándosela a esos malparidos pastores de esas malparidas iglesias.
También la gentecita de Dios, es tan sapa hijueputa, que detestan
a las personas homosexuales. Hay personas homosexuales que creen en Dios, las
hay por montones, porque tienen su fe y su sexualidad aparte. Si un día va una pareja
homosexual a una iglesia y se dan un beso corto, cómo creen que van a ser
recibidos por esas ratas malparidas. Fácilmente, podemos deducir, que los
tratan mal, los echan y les llaman a seguridad. Así es como actúan de bien, así
es como sus almas bondadosas se comportan. Gracias por leer.
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